Ser un buen CEO ya no va de crecer rápido, va de tener claridad.
Crecer mucho y rápido. Durante años nos han hecho creer que en eso consistía el éxito de una empresa: cuanto más deprisa y más ostentoso, mejor. Pero esa obsesión por crecer a toda costa tiene un coste que no se suele tener en cuenta: agota a los empleados y provoca fuga de talento. Y entonces el negocio falla por falta de equipo.
23 de junio de 2026