Cómo darle una segunda vida a esa memoria USB olvidada en el cajón
Casi todo el mundo tiene un pendrive olvidado en algún cajón. Se compraban por decenas cuando eran la forma más barata de llevar archivos de un ordenador a otro. El móvil con cientos de gigas y la copia automática en la nube los jubilaron. La pregunta es si vale la pena rescatarlos. Y sí lo vale.
Un almacén de bolsillo que sigue funcionando
Liberar espacio en el móvil es el uso más fácil. Con un adaptador USB-C o un cable OTG, de esos que cuestan un par de euros, el pendrive se conecta al teléfono y desde el explorador de archivos se pasan las fotos y los vídeos que más ocupan sin borrar nada. El móvil se libera y los recuerdos siguen ahí.
Ese mismo pendrive también puede gestionar la música en un coche antiguo, esos que no reconocen el teléfono por Bluetooth. Cargas las canciones, lo enchufas al puerto USB y suena, sin gastar datos ni batería del móvil.
El tercer uso pide algo más de cuidado. Una copia de seguridad del teléfono guarda fotos, mensajes, contactos y configuraciones, y conviene tenerla en más de un sitio. Lo práctico es conectar el móvil al ordenador, hacer la copia desde ahí con la opción de cifrarla activada, y dejar una réplica en el pendrive. Si el ordenador falla, la copia sobrevive en el cajón.
Mejor aún si tienes una copia también la nube, ya que algunas memorias de usb antiguas pueden no ser muy fiables.
Esa lógica de guardar los archivos fuera del dispositivo escala mal con un puñado de memorias USB cuando es una empresa con miles de ficheros que crecen cada semana. En ese caso, la solución es el cloud storage, pensadas para volúmenes que ningún pendrive aguanta.
Un ordenador entero que cabe en el llavero
Instalar o reparar Windows es el uso que más veces salva un equipo. Muchos ordenadores nuevos llegan sin sistema operativo, y uno viejo puede negarse a arrancar por un archivo de arranque dañado. Con un pendrive de 8 GB como mínimo y la herramienta oficial de Windows para crear medios de instalación, el USB queda listo en unos minutos.
Al encender el equipo hay que entrar en el menú de arranque, la tecla cambia según el fabricante y las más habituales son F12, F11 o F8, y elegir arrancar desde el USB. Si el objetivo es rescatar el Windows que falla sin perder los archivos, la opción es reparar el equipo en lugar de instalar de cero. No siempre funciona, pero por intentarlo no se pierde nada. Para terminar cualquier instalación hace falta una licencia válida a mano.
Los programas portables. Es una versión de la aplicación que arranca desde el USB sin instalarse, y cuando retiras el pendrive es como si nunca hubiera estado en ese equipo. Va genial en ordenadores donde no puedes instalar nada. Hay versiones portables oficiales de editores como GIMP o Audacity, navegadores como Firefox, el reproductor VLC o LibreOffice, todas descargables desde sus webs. La suite de Adobe no ofrece versión portable oficial, así que cuidado algunas descargas.
Un paso más allá está el Live USB, es un sistema operativo completo que se ejecuta desde la memoria. Es habitual en las distribuciones de Linux y es para trabajar en cualquier equipo sin meter tus cuentas ni dejar información sensible en un ordenador que no es tuyo. Windows retiró su función oficial Windows To Go hace ya años, aunque con una ISO oficial y herramientas como Rufus se puede montar igual, siempre con su licencia correspondiente.
La memoria USB como llave de seguridad
El uso más llamativo, y el que más matices tiene, es convertir el pendrive en una llave física para la verificación en dos pasos de cuentas como las de Google o Microsoft. Una llave de hardware protege mejor que recibir un código por SMS, bastante más fácil de interceptar de lo que la gente cree.
El matiz importa. Una memoria USB corriente, de las que solo guardan archivos, no funciona como llave de seguridad. Para eso hace falta que el dispositivo sea compatible con el estándar FIDO2. Antes de descartar el cajón vale la pena comprobarlo. Conectando el pendrive y entrando en las opciones de inicio de sesión de Windows, en el apartado de llaves de seguridad, el sistema dirá si lo reconoce. Si no aparece nada, esa memoria sirve para muchas cosas de esta lista, pero no para esta.
Tener una copia guardada fuera del dispositivo principal, es la base de la conocida regla 3-2-1, que pide tres copias de los datos en dos soportes distintos y con una guardada fuera de casa. Un pendrive puede ser esa copia de más para tus cosas. Si hablamos de empresas o datos muy sensibles, esa copia conviene tenerla automatizada y gestionada, que es justo lo que resuelve una copia de seguridad en la nube de los equipos sin depender de que alguien se acuerde de enchufar la memoria.
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