Cómo analizar el rendimiento sin asfixiar a tu equipo. Paneles de productividad y control laboral

Como rezaba la famosa cita del poeta romano Juvenal, popularizada por Alan Moore en su conocido cómic Watchmen, “¿quién vigila a los vigilantes?”. Y en este caso, ¿quién vigila a los dashboards?

El último hito de las empresas es incorporar a sus negocios paneles de productividad, herramientas de inteligencia artificial con una plataforma visual que analizan datos de diversas fuentes en tiempo real. Estos dashboards se están convirtiendo en tendencia en comercio, sanidad, educación o logística y se usan para tomar decisiones operativas basándose en datos fiables, así como para trazar estrategias de persuasión conductual.

Hasta ahí, todo bien. El problema es cuando estas herramientas sobrepasan los límites éticos. La consultora Gartner ya señalaba en 2018 en un artículo de Urban que la mitad de las grandes compañías supervisaba de forma activa a su plantilla mediante programas de vigilancia digital, una cifra que ha aumentado tras la consolidación de los modelos híbridos y remotos.

En paralelo, el Work Trend Index de Microsoft advertía sobre lo que bautizaron como la «paranoia de la productividad«: un 85% de los líderes desconfía de la eficiencia de sus equipos cuando no están en la oficina, a pesar de que la inmensa mayoría de los trabajadores desean esta flexibilidad por la autonomía que les otorga.

La cuestión, por tanto, quizás sea qué precio están pagando las organizaciones, y también las personas, en términos de cultura, confianza y bienestar al usar estas herramientas como mecanismos de control. Si tienes un negocio y estás planteándote usar un dashboard, cabría preguntarse si reducir a tu equipo a los resultados que arroja una pantalla es o no un buen liderazgo.

Ética digital en un mundo cada vez más “datificado”

La ética digital consiste en cumplir normas, pero también marcar una línea y aplicar el criterio humano en entornos obsesionados con medirlo y optimizarlo todo. Todavía hay quien cree que introducir la ética en la conversación tecnológica pone trabas a la innovación. Pero cuestionar al algoritmo en el trabajo no es miedo al cambio, es proteger al empleado. Aunque normativas pioneras como el Reglamento de Inteligencia Artificial (AI Act) de la Unión Europea ya imponen límites estrictos y obligaciones de transparencia para los sistemas que gestionan y vigilan a los trabajadores, el criterio humano sigue siendo indispensable en el día a día. Liderar con ética también es mirar más allá del resultado inmediato y entender que no todo lo técnicamente posible ni lo legalmente permitido merece ponerse en marcha. Si una decisión tomada en base a un dashboard tiene sentido para el negocio pero asfixia a su equipo humano, ¿vale la pena tomarla?

Si trabajas diseñando tecnología, coordinando equipos híbridos o desarrollando productos digitales, pregúntate qué principio no estás dispuesto a sacrificar, ni siquiera cuando el beneficio económico parece muy atractivo. Cuestiónate también qué deberías plantearte siempre antes de activar una nueva funcionalidad; por ejemplo, a quién podría perjudicar tu decisión. Y, por último, reflexiona sobre qué paso concreto vas a dar esta misma semana para reforzar una cultura digital más ética dentro de tu equipo.

Este tipo de preguntas estructuran el modelo de empresa que los dueños de negocio liderarán en el futuro: una que se basa ciegamente en datos, o una que utiliza los datos sin dejar de tener en cuenta a su equipo. Ese es el verdadero liderazgo del siglo XXI.

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