Tu negocio local necesita una página web: esto es lo que gana con ella

Nos hablan de un nuevo sitio o un negocio y lo primero que hacemos es sacar el móvil y buscarlo. No llamas todavía. Miras qué aparece, si hay fotos, si el horario cuadra, si otras personas hablan bien de ese sitio. En esos veinte segundos se decide si vale la pena.

Eso mismo lo está haciendo ahora mismo alguien con tu negocio. Y lo que encuentre depende por completo de lo que tú hayas puesto ahí.

Lo que pasa justo después de que te recomienden

La búsqueda local tiene una característica que la hace distinta al resto del tráfico de internet: quien busca ya ha decidido comprar. Solo le falta elegir a quién. Google ha medido que el 76% de las personas que hacen una búsqueda local desde el móvil acaba visitando un negocio físico en las siguientes 24 horas. No son curiosos.

Si tu negocio no aparece con información clara en ese momento, además de una visita a una web, pierdes ese cliente, que se va a otro.

Según el informe anual de reseñas de BrightLocal, prácticamente todos los consumidores leen opiniones online antes de elegir un negocio local. Las reseñas viven en Google, pero el sitio al que llevan es tu web. Ahí es donde el cliente confirma que existes de verdad, que haces lo que dice la reseña y que puede llamarte.

Un perfil en redes no sustituye a una web propia

Muchos negocios que empiezan empiezan con una página de Instagram y la ficha de Google. Está bien como punto de partida, pero tiene un recorrido corto.

En una red social no controlas el orden en que se ve tu información, no puedes explicar tus servicios con calma y dependes de que la plataforma no cambie las reglas o algoritmos. Un cliente que quiere saber si trabajas en su barrio o cuánto cuesta algo tiene que ponerse a buscar publicaciones antiguas y la mayoría no lo hace.

Tu web es el único espacio donde decides tú qué se ve y como se estructura. Horario, zona de trabajo, teléfono con un clic, qué haces exactamente y qué no. Todo en una pantalla y sin intermediarios. Las redes sociales te dan alcance. Tu web te da control.

A eso se suma un detalle que los clientes registran sin darse cuenta: el dominio propio. Un correo del tipo [email protected] transmite una cosa muy distinta a un gmail con números al final, y es más barato de lo que alguien que está iniciando su negocio, pueda suponer. Registrar tu dominio es lo primero si vas a montar tu web, porque marca el nombre con el que vas a existir en internet durante años.

Una web sencilla que carga rápido rinde más que una vistosa que va lenta

Este suele ser el error clásico de la primera web: querer que quede espectacular antes de asegurarse de que funciona bien.

Para un negocio local, la web ideal es la que abre en menos de tres segundos en un móvil con mala cobertura y no se cae el sábado por la mañana, que es cuando mucha gente busca. Nada de eso se consigue con el diseño. Se consigue con la infraestructura que hay debajo.

El alojamiento es la parte que no se ve y que decide si tu web está disponible cuando alguien te busca. Para un proyecto que empieza, un hosting compartido con soporte en español cubre de sobra las necesidades de una web de presentación o de un catálogo pequeño, y te evita el problema de tener que entender de servidores para poner tu negocio online.

Cuando el proyecto crece y la web empieza a recibir visitas de verdad, siempre puedes subir de plan. Lo importante al principio es que la base aguante y que no te obligue a rehacerlo todo dentro de un año.

Hacerla tú o que te la hagan

Hay dos caminos razonables y ninguno es mejor que el otro en abstracto. Depende del tiempo que tengas.

Si te manejas con la tecnología y quieres controlar los cambios tú mismo, una herramienta de autogestión te permite crear tu página web desde plantillas y actualizarla cuando cambias de horario o añades un servicio, sin depender de nadie. Es la vía natural para un negocio con una oferta clara y pocas páginas.

Si prefieres dedicar ese tiempo a atender a tus clientes, el diseño de página web por parte de un equipo profesional te ahorra la curva de aprendizaje y suele dar mejor resultado en la parte que más cuesta: ordenar la información para que el visitante entienda en diez segundos qué ofreces y cómo contactarte.

Sea cual sea la vía, la web mínima viable de un negocio local tiene lo mismo: qué haces, dónde lo haces, cuánto cuesta o desde cuánto, y un botón de llamar que funcione al primer toque.

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