“Lanzar un ciberataque es cada vez más fácil porque a medida que avanza la tecnología todo se facilita”, Esther Paniagua (Periodista)

Esther Paniagua es colaboradora habitual en El País y Muy Interesante, entre otras publicaciones, y ha sido elegida entre las ‘100 personas más creativas en negocios’ por la revista Forbes España. Recientemente ha publicado el libro ‘Error 404: ¿Preparados para un mundo sin internet?’, un ensayo donde expone que las organizaciones tienen que prepararse mejor, para evitar que llegue un día en que se caiga la Red y se genere el caos online (y offline).

Esther comenta que nadie invierte lo suficiente en seguridad porque es poco rentable a corto plazo y no se ven los resultados si no sucede nada: “Pongo el ejemplo de la pandemia porque es lo mismo, nadie invirtió en prepararse para una pandemia a pesar de que la comunidad científica ya llevaba mucho tiempo diciendo que había un alto riesgo, y de hecho con el Covid ya se sabía. ¿Pero qué pasa? Pues que cada gobierno ‘piensa a mí no me va a tocar, entonces para qué voy a invertir un montón de dinero que no me va a traer votos’. Hasta que toca y vemos el problema cuando ya es demasiado tarde. Y con el tema de Ciberseguridad pasa lo mismo”.

 

Hace poco hemos visto cómo un ciberataque dejó a medio país sin Internet: “Era una competición con muchos Youtubers, Influencers conocidos, que estaban compitiendo en Minecraft, un juego online, y había equipos en diferentes lugares del mundo. Uno potente estaba en Andorra, entonces un grupo de gamers decidió tumbar la Internet de Andorra para dejar fuera de la competición a ese equipo. Fue un Ataque de Denegación de Servicios, a base de lanzar muchas peticiones a un mismo sitio lo saturas y colapsa. Casi el 70% del país se quedó sin Internet. Y como esa tenemos muchas, lo que pasa es que no nos enteramos o no nos acordamos o no duran el suficiente tiempo como para que tenga un impacto significativo”.

 

 

“Lanzar un ciberataque, estafar online, la delincuencia online… cada vez es más fácil porque a medida que avanza la tecnología todo se facilita y hace que se puedan sofisticar estos ataques. Y lo que es más difícil es defenderse, porque cuesta muchos recursos, dinero y cuesta muchas veces cambiar por completo sistemas. Por tanto siempre es más difícil la defensa”, señala Esther, añadiendo que hay que prestar más atención a todo esto. Por ejemplo, los atacantes se pueden aprovechar de una vulnerabilidad no detectada o de un sistema que no tenga instalada la última actualización.

 

En su libro comenta que la digitalización y la robotización pueden destruir empleo o reemplazar a las personas en ciertas tareas, pero la tecnología sigue creando trabajo. Para ello cita a la antropóloga Mary L. Gray, quien habla de ‘La paradoja de la última milla de la automatización’, donde explica que el deseo de eliminar el trabajo humano siempre genera nuevas tareas para estos: “Eso lo vemos muy bien con la Inteligencia Artificial. Para entrenar un algoritmo y que funcione bien necesitas a personas etiquetando fotos, indicando que lo que hay ahí es un chiguagua o una madalena. O en los Captcha. […] Si hay un problema y hay que recalibrar estos sistemas también necesitas al humano. Con lo cual esto que llamamos IA no es tan inteligente porque al final somos las personas las que estamos introduciendo los datos que son necesarios, seleccionándolos, poniendo sesgos, y siempre se va a necesitar al humano”.

 

El año pasado un informe de la Comisión Europea, concretamente el Índice de Economía y Sociedad Digital (DESI), estimaba que el 43% de la población española entre 16 y 74 años no posee competencias digitales básicas: “Hablamos mucho de los nativos digitales y les atribuimos unos conocimientos de cómo aprovechar estas herramientas y defenderse, ¡y no! La única diferencia que tienen con los Millennials es que cuando nacieron los nativos ya existía Internet, pero no han nacido aprendidos. Precisamente por nacer en una era en la que ya dan por hecho la conectividad y lo usan para todo, las redes, las plataformas… y están conectados todo el tiempo, son más vulnerables y están más expuestos, pero no estamos capacitándoles ni para usar las herramientas y aprovecharlas de forma adecuada en su formación, ni para defenderse de esos ataques y amenazas, ni para ser conscientes de todo lo que hay ahí fuera”.

 

Por último, Esther comenta sus planes futuros: “Me gustaría poder trabajar en temas de gobernanza. Porque escribiendo el libro me he dado cuenta de que hay una necesidad muy grande en todo esto y me gustaría poder aportar a la conversación de la toma de decisiones sobre cómo dirigir todas estas tecnologías tan maravillosas que tenemos, para que realmente mejoren la calidad de vida de las personas y tengan una repercusión, un beneficio social, de transferencia tecnológica de conocimiento y bienestar”.

 

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