Ser un buen CEO ya no va de crecer rápido, va de tener claridad.
Crecer mucho y rápido. Durante años nos han hecho creer que en eso consistía el éxito de una empresa: cuanto más deprisa y más ostentoso, mejor. Pero esa obsesión por crecer a toda costa tiene un coste que no se suele tener en cuenta: agota a los empleados y provoca fuga de talento. Y entonces el negocio falla por falta de equipo.
Según una encuesta de Gallup de 2024 realizada a 18.665 empleados estadounidenses para evaluar el estado actual de la gestión del desempeño, solo el 47% de los empleados está totalmente de acuerdo en que sabe lo que se espera de ellos en el trabajo. Esta cifra es inferior al 56% registrado justo antes de la pandemia y al 61% en 2015.
Si un empleado va a ciegas, da igual la tecnología, el crecimiento o los beneficios que tenga la empresa: la productividad se desploma.
Los directores que quieran medir de verdad el rendimiento de su negocio tendrán que mirar más allá del crecimiento. Que tu equipo sepa exactamente hacia dónde rema lo mantiene concentrado y elimina la incertidumbre. ¿Qué conviene hacer, entonces, y qué evitar para construir una empresa exitosa tanto en lo económico como en lo ético?
Evita la carrera de la financiación con capital de riesgo
Si estás pensando en financiar tu proyecto con capital de riesgo, conviene entender primero su lógica. Muchos de estos fondos no buscan un negocio sostenible que dé beneficios poco a poco: invierten en muchas empresas dando por hecho que la mayoría fracasará, porque les basta con que una se convierta en un gigante como Uber (que, por cierto, acumuló más de 30.000 millones de dólares en pérdidas antes de ver un solo dólar de beneficio). Es un modelo legítimo, pero no encaja con cualquier proyecto.
El problema es que, para perseguir ese gran acierto, suelen imponer una cultura de expansión artificial, con metas muy agresivas que te empujan a gastar por encima de lo razonable.
Cuando fuerzas la maquinaria para inflar los números en muy poco tiempo, lo que acabas teniendo son equipos quemados que no sostienen ninguna estructura real. Salvo que puedas permitirte perder millones durante años, construir un negocio realista y con crecimiento orgánico casi siempre será una decisión más inteligente.
Consulta: ¿Cuáles son las empresas que mueven la economía de España hoy?
La claridad siempre se come al crecimiento
¿De qué sirve correr muy rápido si no sabes hacia dónde vas? La claridad siempre le gana la partida al hipercrecimiento. Cuando la gente sabe qué se espera de ella rinde más, trabaja más a gusto y se compromete a largo plazo. Y eso no se reduce a repartir tareas cada semana: implica definir la misión de tu negocio, saber con precisión quién es tu cliente ideal y tener claro qué perfil de personas encaja con los valores de tu marca. Y, sobre todo, no dejar ese ejercicio en una charla motivacional que das en la cena de Navidad y olvidas el resto del año.
Lo mejor es concretar los objetivos cada trimestre y cada año, y comunicarlos de forma directa. No des por hecho que tu plantilla te lee la mente: mantén los canales abiertos y repite el mensaje las veces que haga falta.
Consulta: Cómo analizar el rendimiento sin asfixiar a tu equipo. Paneles de productividad y control laboral
Lo que de verdad significa ser un buen CEO
Tu verdadero trabajo desde la cima no es acumular proyectos y saturar al equipo, sino decidir con criterio qué importa de verdad. En el fondo, un buen líder funciona casi más como un «director de claridad»: alguien cuya tarea principal es que toda la organización entienda hacia dónde va. El caso de Steve Jobs se suele citar como ejemplo de esto: la recuperación de Apple no llegó por intentar abarcar todo el mercado a la vez, sino, según la lectura más extendida, por concentrarse en unos pocos productos y saber decir «no» a lo que no encajaba con sus objetivos. Cuando te empeñas en simplificar la misión y las prioridades, tus directivos deciden con más autonomía y tus empleados encuentran un camino claro para ponerse a trabajar.
Así que pierde el miedo a bajarte de la dinámica del capital de riesgo y a desoír su obsesión por inflar los números. Estás en tu derecho de elegir un camino distinto y más sensato: construir el negocio que de verdad quieres liderar, y no el que el sistema espera que crees.
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