“Las empresas tecnológicas necesitan más gente de Humanidades, y las Humanidades necesitan incorporar más conocimientos tecnológicos”, Marta García Aller

Marta García Aller es periodista, escritora y profesora. Escribe en El Confidencial, y colabora en Onda Cero, además de en La Sexta. Es profesora asociada en IE Business School y en ICADE. Su último libro es ‘Lo imprevisible. Todo lo que la tecnología quiere y no puede controlar’ (Planeta, 2020), que llega después de ‘El fin del mundo tal y como lo conocemos’, un éxito en España y Latinoamérica. Sus análisis de los cambios tecnológicos que transforman la sociedad actual la han convertido en una cronista de referencia.

 

“Yo estudié Humanidades, que es una magnífica carrera universitaria que busca ese conocimiento transversal de las ciencias sociales, pero incluyendo también Derecho, Historia, asignaturas que tienen que ver con la Tecnología, con el Cine, con la Economía, y aquello me amplió la visión del mundo. Fue una magnífica elección. Luego me especialicé en Periodismo y también hice estudios en política internacional. Pude estar unos años trabajando en Bruselas, en las instituciones Europeas, en la Comisión, antes de volver a España a trabajar como periodista”, cuenta Marta, quien desde pequeñita siempre había sabido que quería ganarse la vida haciendo cosas con palabras: “Cuando descubrí que era una profesión esto de escribir y sobre todo además esto de hablar, pues la verdad que fue siempre mi objetivo. Y dar clases era siempre un plan B que tuve presente, sabiendo que era difícil conseguir hacerse un hueco. La verdad estoy muy contenta, me gusta mucho mi trabajo en la radio en Onda Cero, en el periódico El Confidencial, también dando clases y escribiendo libros”.

 

Casualmente terminó el libro ‘Lo imprevisible’ justo para publicarlo con la Pandemia, un título que ni pintado. En él cuenta muchas curiosidades sobre la tecnología. Por ejemplo, menciona al neurólogo Guillermo García Arribas, quien señala que no es lo mismo pasarse el día leyendo informes y tuits que leer libros de Eduardo Mendoza o Agatha Christie: “La lectura es un proceso que difícilmente se puede sustituir por otra cosa y la imaginación, además, es fundamental para para nuestro cerebro y nuestro pensamiento. Es una de las cosas que más nos diferenciarán de las máquinas, de los robots, que tanta preocupación tienen algunos de si nos pueden llegar a sustituir. Bien, pues la imaginación es algo que sólo tenemos nosotros. Lástima que estemos perdiendo buena parte de ella, teniendo un consumo de las imágenes cada vez más compulsivo. Y para la imaginación, además, es fundamental la capacidad de concentración. Y eso es algo que tenemos que pelear en un mundo en el que estamos constantemente rodeados de notificaciones, de los móviles, de las pantallas. Concentrarse y leer ficción es un ejercicio fabuloso para el cerebro”.

 

“No sólo es estar pendiente del teléfono, es tenerlo simplemente visible encima de la mesa. Saber que cualquiera puede interrumpirnos en cualquier momento está mermando muchísimo la productividad laboral, pero también la calidad de las relaciones afectivas que tenemos con la gente que nos rodea. Simplemente WhatsApp puede ser una herramienta de distracción masiva que te aleja de los que tienes más cerca, aunque te acerca a los que tienes lejos, pero te estás alejando de aquellas personas con las que estás compartiendo un rato”. Marta decidió eliminar apps de su móvil para profundizar en las lecturas de prensa, novelas y ensayos, así como de disponer de más tiempo de calidad con los suyos: “Necesitamos muchas menos apps de las que nos creemos, y podemos acceder a ese contenido delante del ordenador o de la tablet”.

 

García Aller señala que es peligroso hacerse un selfie con la señal de la victoria porque pueden hackearnos las huellas dactilares: “La biometría tiene enormes implicaciones en el presente y en el futuro de la ciberseguridad. Pero estamos hablando muy poco de ellas. Con la huella dactilar ya no sólo desbloqueas el teléfono. Abrir una cuenta bancaria con un selfie ya es posible. También hay cerraduras que lo controlan de esa manera y puedes estar dándole la llave a la privacidad de tu casa y de tus datos a algún desconocido que quiera utilizarlo”.

 

“Para ‘Lo imprevisible’ he tenido el enorme privilegio de entrevistar a los mayores expertos del mundo en muchas de estos temas, como Ramón López de Mántaras (Investigador del CSIC), uno de los mayores expertos en el campo de la Inteligencia Artificial del mundo que tenemos en España, que busca saber cuáles son los límites de la IA. Lo fundamental es saber adónde no va a llegar esta tecnología y eso nos ayudaría a ser mucho más realistas”. Las máquinas no son inteligentes a la manera en la que lo son los humanos, porque no tienen cinco sentidos, ni intuición, ni empatía. De hecho Marta habla del ‘Olvido catastrófico’, de la IA, ya que ni tiene sentido común ni aprende como los humanos, pues nosotros mezclamos mucho conocimiento para ganar experiencia: “Las máquinas son buenas en una cosa muy concreta y cuando aprenden a hacer una cosa, no pueden pasar a otra, como hacemos los humanos de estar cocinando un huevo frito y luego jugar al ajedrez. Puede ser un sistema de Inteligencia Artificial imbatible a la hora de detectar un cáncer en medicina, pero no entiende lo que es la salud, no sabe lo que es curar, no sabe lo que es el dolor. No entiende el porqué de las cosas que hace”. Esto se resume en una cita que recoge de Verónica Pascual (CEO de ASTI): “Las máquinas se encargarán de lo previsible. Los humanos, de todo lo demás”.

 

Otra cita que recoge en su libro es de Victoria Trabazo, psicóloga clínica: “El aburrimiento es algo necesario y maravilloso para el cerebro. Lo curioso es que se ha convertido en un gran lujo que casi no nos permitimos”. Marta explica que desde que tenemos el móvil en el bolsillo ya no dejamos la mente en blanco, siempre la estamos estimulando con cosas, en vez de ponernos a mirar un rato por la ventana del autobús: “Hay ratos en los que es mejor dejar la mente en blanco que llenarla de memes. No es casualidad que muchas ideas se ocurran en la ducha, es ese momento de estar sin pensar en nada concreto cuando el cerebro une los puntos y de repente se conectan las ideas. Para eso hay que dejar respirar el cerebro, no sólo estar remitiendo estímulos. También tiene que tener margen para asimilarlos”.

 

Nuestro último entrevistado en acens Podcast fue Juan Pedro Moreno (Director Creativo en Ogilvy Madrid), uno de los creadores del Deepfake de Lola Flores. El anuncio de Cruzcampo ha abierto el debate sobre el uso de esta tecnología: “Creo que el Deepfake de Lola Flores ha hecho un enorme favor a la opinión pública, dando a conocer de manera muy global y muy sencilla los límites, hasta dónde puede llegar esta tecnología. Porque en ‘Lo imprevisible’ le dedico un capítulo a cómo la verdad está en riesgo de desaparecer tal y como la conocemos en esta década, el que no nos podamos fiar de nuestros propios ojos es algo muy difícil de interiorizar. Nuestro cerebro no está preparado para asimilar que está viendo algo que puede no ser cierto. Devolver a la vida entre comillas a Lola Flores ha hecho que mucha gente descubra lo que es el Deepfake y que empiece a desconfiar de lo que está viendo. Se pueden hacer campañas enormes alertando del peligro de las Fake news, que hasta que no lo ves, a lo mejor en un contexto más lúdico como éste, mucha gente yo creo que no había llegado a alcanzar a entender cómo de buena ha llegado a ser esta tecnología, cada vez más accesible, cada vez más barata y cada vez más al alcance de usos creativos positivos como estos, pero que también puede utilizarse como cualquier otra tecnología para el mal”.

 

“Las empresas tecnológicas necesitan más gente de las Humanidades, y las Humanidades necesitan incorporar más conocimientos tecnológicos, esto es una cosa de ida y vuelta, hay que acabar con esa barrera que diferencia las letras y las ciencias, como si fueran dos compartimientos estancos que no tienen nada que ver el uno con el otro. Creo que esa división que se hace a una edad muy temprana en la secundaria es un enorme problema”, asevera Marta, explicándolo con una lógica aplastante:

  • Tecnología: Está en todas partes. Da igual si quiere un niño o una niña estudiar medicina, da igual si va a ser ingeniera, da igual si lo que quiere es fotografía o diseño. Todas las profesiones van a tener un componente tecnológico enorme en el futuro. También los cocineros lo van a necesitar ahora mismo. Es como cuando nos decían de pequeños hace 30 años que aprendiéramos inglés, que con eso vas a encontrar trabajo te dediques a lo que te dediques, pues el inglés de ahora es la tecnología. Es fundamental dejarla de ver como algo de ciencias, porque a los de letras nos debería preocupar y mucho.
  • Humanidades: Son esenciales en las empresas tecnológicas. No basta con saber fabricar robots, esas máquinas no van a estar únicamente en un laboratorio rodeado de ingenieros, van a salir al mundo y el mundo está lleno de humanos. Por eso son importantes las humanidades. Es la diferencia entre entender la aplicación de la tecnología en el mundo real y que sólo sirva en un plano teórico. Los equipos multidisciplinares dan a luz mejores proyectos y mucho más rentables. También los equipos diversos en los que hay hombres, mujeres, personas de diferentes nacionalidades y con diferentes estudios.

 

Marta García Aller, como profesora de IE Business School, le da mucha importancia a la formación: “Es una consecuencia más de este mundo en constante cambio. Ninguna profesión va a quedarse quieta. Es más, el que esté ahora empezando a estudiar una carrera se va a encontrar un mercado laboral enormemente diferente cuando la acabes, y eso significa que hay que estar continuamente aprendiendo y desaprendiendo cosas. La experiencia está recalibrando su importancia en muchos ámbitos laborales y está dejando paso a la curiosidad, a las ganas de aprender maneras distintas de hacer las cosas. Hay muchas empresas que han desaparecido por su empeño en decir no, es que aquí en esta empresa hemos hecho las cosas siempre así. Pero es que el mundo ha dejado de ser como era”. Ella ve una gran oportunidad para generaciones más junior porque conocen otras tecnologías, se hacen otras preguntas, resuelven los problemas de otra manera: “La experiencia es enormemente importante, pero lo es mucho más hoy en día la capacidad de adaptarse para que tener una mente muy abierta y tener muchas ganas de aprender cosas que a lo mejor hace un par de años no parecían necesarias. Para ello es esencial la formación, pero yo creo que más esencial todavía es la actitud con la que con la que se afronta”. Con los confinamientos debido al Coronavirus se ha visto que esto es posible, ya que se ha actuado con mucha rapidez para aprender a resolver problemas inesperados: “¿Cuántas empresas creían que el teletrabajo no era posible para ellas y ha terminado siéndolo?”.

 

 

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